24 de enero de 2012

Cosquín, la patria del no se qué

No podía ser de otra manera. Cada festival de Cosquín provoca lluvia de críticas y halagos. Para los que se suben al escenario: los halagos, para los que se quedan abajo: las críticas. Pero esta vez parece ser que en los dos casos hay muchas críticas que hablan de un festival que pierde esencia.

Si la esencia de lo popular, es la adhesión del público mayoritariamente convocado a esa plaza Próspero Molina, es indudable que “lo popular” se acota al grito, a las palmas, al estímulo que desde el escenario le llega a la gente.

Es así que la gente “se aburre” cuando escucha canciones cantadas con sentimiento y profundidad, y se divierte con el Chaqueño Palavecino. El mismo que sube diez músicos buenos para cubrir lo que ya no puede dar su garganta sacudida a través del tiempo y miles de recitales.

Hace años que Cosquín abrió sus puertas a las delegaciones llegadas de otros países de América. Es tan poco lo aportado por el festival en el sentido de ilustrar a la gente sobre la existencia de otros ritmos que forman parte de este folklore latinoamericano, que cuando suben tres excelentes músicos colombianos, la gente grita ”Peteco!!”. Hasta allí llega el conocimiento popular, hasta ¡Peteco!, más allá de los méritos que este excelente músico argentino posee y aporta.

Cosquín abrió su escenario y estrechó la mirada. Las delegaciones provinciales, pasan como ráfagas porque en minutos tienen que contar lo que tienen en su lugar de origen y solo alcanzan a cantar tres temas y bailar apurados como si fuese una carrera fórmula uno. Creen así, que cumplen con el requisito de ser “abiertos”, “fraternos”, “solidarios” con las provincias, cuando en realidad les importa tanto como a Miss Universo, la señora que plancha a la vuelta de la casa.

El asunto es cumplir la forma, que aparezcan los nombres de los intendentes o gobernadores “que ayudaron con esfuerzo a que estemos en este escenario”. Un reconocimiento que habla a las claras que el “esfuerzo” oficial es por un trueque político ya conocido y reconocido hace muchos, muchos años.

Hay un desconocimiento profundo de lo que es un Festival de música popular, si se tiene en cuenta que hay quejas de los artistas consagrados porque llegan a cantar de madrugada. Es un desencuentro de conceptos: Cosquín es un negocio y los artistas consagrados deben ir al final de la noche para que el público se quede plantado allí y mostrar que la plaza se llena de fervorosos amantes de la música “nacional y popular”, y el comercio de los alrededores funcionen bien. Por otra parte: si es un festival de música popular abierto a todos, ¿ porqué deberían ir los consagrados al comienzo?, en todo caso, al comienzo deben ir los no consagrados para que los consagre la gente antes de dormirse.

La presentación del Festival es lamentable. Marcelo Simón es un hombre que conoce mucho del folklore y la historia del mismo. Capitaneó programas de relevante calidad en ese sentido y en varios medios nacionales. Es una figura respetada, sin dudas. Sin embargo, cumple un rol muy pobre, porque solo anuncia, es como una agenda mecánica: apretar el botón y “sale con fritas”.

La señorita que acompaña es muy mala conductora y muy buena modelo. Repite sin ponerse colorada, una y otra vez: “aquí llegan, nuestros poetas, nuestros músicos, la provincia con el sol y el mejor vino, la más linda del país”, sin observar que está hablando de Usuhaia, por ejemplo: para ella esa muletilla le alcanza.

La lluvia hizo que en la cuarta luna se “cayera” el festival y se insistió en seguir. Esperamos las sucesivas y aplaudimos a nuestros artistas, los consagrados y los nó consagrados, sabiendo que todos deben tener motivos para estar allí, en “ese lugar sagrado” como exageró un cantante.

Tal vez, no tuvo tiempo para darse cuenta que “el lugar sagrado” es el que cotidianamente eligió para crear sus canciones, cantar con sus vecinos y dejar testimonio de su paso por esta tierra.

Lo demás es fama, y ya da para otra nota.

(publicada en www.diariamenteneuquen.com en el dia de la fecha)

23 de enero de 2012

LA MEMORIA

LA MEMORIA

Hace muchos años, década del 80, rumbo al 90, Neuquén contaba con pequeños espacios donde se recreaba la música popular a cargo de buenos cultores. Lugares donde la noche se hacía día, la charla abría interrogantes, el vino fluía para calentar gargantas y cantar.
Pasó el tiempo y quedaron en el recuerdo: "Café de la Flor" (diag. Alvear, frente a esc. de música), e"El Figón de Pedro", (al lado del ISSN), el "Simón Bolívar" (en J. B.Justo al 500), "La Tasca" (diag. 9 de julio y casi Independencia) , "Café del Sur" ( en Buenos Aires casi Rivadavia), "El Galpón y la Vía" ( en Fotheringhan pegado a la vía), y otros, varios más que mi memoria no retuvo. De todos ellos, habrá gente que guardarán en sus retinas y oídos, imágenes y sonidos que acompañan lo cotidiano de una ciudad que se ocupó de construir una vida distinta.
Había menos gente y más pasión. Suele ocurrir de la mano del tiempo y otros detalles que cada uno le agregue con su experiencia..
Hay figuras que aún viven, están entre nosotros silenciosamente o adentro de sus casas por distintas razones. Hay quienes se fueron a indagar qué pasa entre las nubes cuando dejaron de ser un sueño. Otros, cambiaron de lugar buscando negocios, amores, afectos, vaya a saber!!.
La nostalgia es un bicho que tiene luz. Sirve para iluminar momentos en el que el espíritu la necesita. Si se abunda en esa luz: ciega, confunde y.. bueno, se sabe, el refrán popular lo impone: "lo que abunda, mata".
Hoy hay una generación de gente que, jóvenes y no tanto, que están trabajando en el sentido de sus necesidades espirituales, de sus potenciales creaciones. ofreciendo lo que les va apareciendo en su horizonte creativo. Hay otros lugares donde "los que tocan", hacen lo suyo y se ganan unos pesos. En fin, hay, distinto muy distinto porque en realidad somos distintos con el correr de los años.
Nicolás Golab y Silvia Sanchez fueron parte de aquella historia. Se fueron a vivir a Viedma con sus dos hijos (ya adolescentes) y tienen material muy valioso. Es notorio que están trabajando con esfuerzo, para una adaptación que les cuesta mucho, por ese tema de "la nostalgia".
Los visité y recordamos y escuchamos y disfrutamos. Ellos tenían el programa de TV "Reflejos" en canal 7, que producían ambos. Una serie de aquellas figuras de las que se recuerdan, pasaron por allí y dejaron su mensaje artístico. Muchos de ellos."Los Golab", hicieron un gran aporte.
En esta suerte de "reconstrucción" de la memoria, hay un video de "Albatri", la obra de teatro callejera que bajo la batuta de Cecilia Arcucci, hizo un hito teatral inolvidable. Está. Hay una grabación en vivo de distintos cantantes de la zona (que ya no están o no cantan), muy bueno. Está.
Hay un CD del encuentro entre Chito Zeballos y Juan Falú en "La Tasca" grabado profesionalmente y que me entregaron (25 CD) para vender a quienes se interesen.
Hay muchas cosas más. Interesantes, muy interesantes.
Es un dato, una información, un recorrido. Porque cuando se habla de la importancia de la memoria, es la memoria toda.
Tengo archivos que van a sorprender a quienes quieran sorprenderse. Hay algunos que evidencian a los que han "fraccionado" la memoria para erigirse en defensores de la misma como si fuese una batalla. En todo caso es una misión humana, porque sin memoria, no hay historia . Y la historia nos involucra a todos, sin excepción.
Es por todo esto y mucho más, que les aviso que a partir de marzo, TODOS LOS ARCHIVOS DE AUDIO, DE GRAFICA, REVISTAS , PUBLICACIONES ANTIGUAS, ETC. MAS LIBROS DE AUTORES REGIONALES, estarán al alcance de quienes, por razones de investigación, estudio, etc. necesiten consultar.
Como es mi casa particular, solo tendrán que comunicarse a través de este medio para concertar dias, horarios etc.
También, les recuerdo que en ese marco, seguiremos con "EL GOYETE", con figuras nacionales y locales.
Gracias. H.L.

21 de enero de 2012

Un ejército que avanza sin piedad

Quiero hablar, necesito hablar, me urge decir algo sobre los celulares. No de “mi” celular, sino de “los celulares”. Esos aparatitos que, como extraterrestres, llegaron a la tierra, y se congraciaron de tal manera con los humanos, que ya son humanos.

Tanto lo son, que están en nuestras vidas como capitanes alertas de nuestra conciencia, tiempo, relaciones, lugares, etc.etc.

Si le apretás una tecla, no desaparece, solo se silencia.

Si le apretás otra, vibra, y de tal manera, que hace revolear los ojos a su dueño en medio de una reunión, agasajo, evento o como se lo llame. Todos piensan en un orgasmo: es como si lo fuera: ¡llamó! , ya nada importa alrededor, ni Serrat cantando Mediterráneo.

Si, en cambio decidís apagarlo, es solo una ilusión: tiene recursos para comunicarse aún en esas condiciones: los mensajitos se acumulan, las llamadas perdidas también y en el recuento atrapan gran parte del día de nuestra existencia.

Si estás aburrido, ellos te hacen jugar con pititos repetitivos que adormecen tu cabeza.

Si querés escuchar música, radio, ellos tienen la respuesta, solo tenés que conectarlo a un cablecito que te lleva el sonido a las orejas por el mundo, sin advertir que en la esquina un bocinazo intenta advertirte que ese auto te va a pisar.

Si esa tarde, justo esa tarde, querés hacer una sesión de fotos, ¡allí está el capitán presto!, una tecla, una imagen inteligentemente (creemos) tomada como nadie, guardará en tu memoria ese momento, ese instante único, irrepetible.

No les interesa para nada, quien los lleva en su bolso, cartera, bolsillo, ataché, funda o como se nos de las ganas. Ellos van como parte del cuerpo, de la ropa diaria.

Si sufren un accidente, caen al agua del inodoro, en la ranura de un piso viejo, en la arena, debajo de las ruedas del auto cuando bajamos apurados de él, lo lloramos como si se hubiese muerto un hermano, un padre, un amigo. No dudamos en salir corriendo a buscar un sustituto aunque aún no hayamos pagado la cuenta del banco o de la luz: él está primero en nuestras vidas. Tiene que estar.

Hay un ejército de estos extraterrestres en el planeta. Gran parte de él está entre nosotros, aquí, si ¡en la Patagonia! Casi nadie advierte que es un ejército aceitado hasta los más mínimos detalles. Tienen lugares de recepción para cualquier problema que se tenga con el capitán adoptado.

Son salas modernas con gente detrás de mostradores de colores y separaciones en boxes para darnos la impresión de que seremos tratados como seres especiales. Lo somos, y ellos, jóvenes en su mayoría, bien peinados, bien vestidos y bien hablados, nos miran sentados pacientemente esperándolos para que nos atiendan como si fuesen a someternos a una sesión de terapia.

Nos toca el turno y hablamos de las fallas que tiene nuestro aparatito (el capitán). Desplegamos una serie de anécdotas estúpidas como si fuesen historias de vida de un premio Nobel, por ejemplo. Esos humanos toman el aparatito y nos demuestran en segundos, en minutos, que son más inteligentes que nosotros: tiene un lenguaje cerrado que solo se entienden entre ellos.

Cuando salimos (con el aparatito nuevo casi siempre) creemos que vencimos al enemigo, que ese que nos dio tantos dolores de cabeza ha quedado derrotado. Nada de eso es así: se multiplicó de tal manera que ya vamos por el cuarto o quinto aparatito en nuestro patrimonio.

El asunto es que estos extraterrestres, no cejan en su avance: cada día es más notorio que están poblando el territorio con todo: no hay diferencias de clases sociales, de edades ni de peso específico. Grandes, gordos, flacos, niños, viejos, todos, todos tienen a su capitán a cuestas.

El nene lo tiene porque “así estamos seguros”, el adolescente, “porque así lo controlamos” (jajaja), el viejo, “porque por cualquier cosa que le pase, ¿viste?”, así un rosario de explicaciones avalan la presencia de estos seres casi humanos en nuestras vidas.

Hay muchas cosas y razones por las cuales estos aparatitos ocupan el territorio que creemos nuestro.

Nadie podría negar que estamos apurados. Nadie podría asegurar que sabe por qué estamos apurados o para qué. Pero lo cierto es que corremos. Detrás del dinero, del éxito, de las ofertas, de un título, de muchos “de”, corremos.

Y en esa carrera necesitamos comunicarnos rápidamente para disimular la incomunicación.

Especialistas en la materia dan charlas, conferencias por radio, TV, promueven meditaciones y varias horas de yoga al día, para averiguar los orígenes de tantos “de”. Aún es un misterio, y como tal nos será develado en otra vida, si es que (encima) hay que creer que hay otra oportunidad.

Víctimas de la ignorancia o provocadores de ella, creemos que conquistamos un ejército que nos liberaría de los que intentan terminar con nosotros. De a poco, y no en silencio, ellos vinieron a terminar con nosotros, cuando convertidos en aparatitos con botones, creamos que seguimos siendo humanos.